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Editorial SAN PABLO

 
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Revista “Vida Pastoral”


“Llega
20140212060655r, a través de VIDA PASTORAL,    a nuestros hermanos sacerdotes que  trabajan en distintos sectores de la  Iglesia. Lo hicimos con la intención  primordial de aportar algunos elementos de reflexión y de pastoral concreta.”

Alguno se preguntará de qué se trata la revista VIDA PASTORAL, cuál es su enfoque o el talante de sus contenidos; les compartimos la Nota de Editorial del nº 12 (1961) de la revista; en ella el editor da respuesta a los interrogantes que antes mencionamos. Esperamos que sea de provecho la información a la vez que les contamos que la revista está disponible en nuestra librería.

De la Redacción [Vida Pastoral 12 (1961) 11-13]

Hace dos años intentamos por primera vez llegar, a través de VIDA PASTORAL, a nuestros hermanos sacerdotes que trabajan en distintos sectores de la Iglesia. Lo hicimos con la intención primordial de aportar algunos elementos de reflexión y de pastoral concreta. Sabemos positivamente que en parte lo hemos logrado, no tanto por nuestro esfuerzo como por la calidad de las colaboraciones, elaboradas casi todas en común e inspiradas en diversas experiencias del ámbito pastoral. De ninguna manera pretendimos dar soluciones perfectas. Pero sí comunicarnos a través de la reflexión pastoral. Pudimos, realmente, establecer un cierto diálogo seguido de una doble constatación: por un lado comprobamos la acogida favorable de nuestra publicación en los distintos ambientes del país, y por otro constatamos que no existe “el conformismo” pastoral. Por el contrario, la inquietud, el entusiasmo y vitalidad de la renovación que se vive en la Iglesia Universal, es ya un hecho en nuestros ambientes. Es un hecho incipiente, pero real, que brota en especial de quienes somos directamente responsables de la evangelización. Sobre todo se sensibilizó esta realidad a través de la ENCUESTA que titulamos “dificultades en nuestra pastoral de hoy”, y que incluyó un solo interrogante: ¿Qué es lo que más le ha costado al enfrentarse con la vida apostólica? Las respuestas publicadas desde el nº 9 reflejaron la seriedad y responsabilidad de nuestros hermanos frente a un mundo que evoluciona inexorablemente por la fuerza del desarrollo histórico que acrecienta el acervo humano, manual, técnico y científico de los hombres. Es indudable que Jesucristo vivió en una época radicalmente distinta a la nuestra y también es indiscutible que Él, hoy, nos hablaría en nuestro lenguaje, viviría como nosotros y se confundiría –como lo hizo en su tiempo– con lo que es propio de la época. Jesucristo sigue vivo y encarnado en la historia de la Iglesia, que es su Cuerpo. A los hombres de Iglesia nos corresponde prolongar y cristalizar la Encarnación de Cristo para que esa realidad no quede en los papeles de estudio con el mero objeto de ser estudiada como “tesis”. Creímos oportuno cerrar este segundo año de VIDA PASTORAL sintetizando los conceptos y apreciaciones diversas que formularon nuestros colegas en las respuestas a nuestra encuesta. Es conveniente tener presente que la verdad no es patrimonio de ninguna persona en particular, por eso, los aspectos que siguen, no deben considerarse como afirmaciones absolutas, sino como elementos de reflexión ante una realidad que cambia y ante la cual nosotros no podemos “quedar tranquilos”. * Respecto de la FORMACIÓN recibida, que ciertamente condiciona el primer encuentro con el mundo, se dijo: – En el mejor de los casos hemos recibido una capacitación intelectual que nos permite movernos con cierta soltura en el plano de lo abstracto. Nuestros estudios teológicos y sobre todo filosóficos nos han capacitado para maniobrar con facilidad conceptos “universales”. – La formación recibida, por múltiples causas, estructuran al hombre en un marcado individualismo que lleva al aislamiento y a la imposibilidad de trabajar en común. – Enfrentamos la vida de los hombres con una “conformación intelectual” que dificulta profundamente el contacto con la realidad que debemos vivir y evangelizar. – Teología no siempre elaborada con lo que es vital para el cristiano, sobre todo la Biblia y la Liturgia. * El salto del Seminario a la vida, normalmente nos produce un choque interior profundo –a veces inconciente–. Una de las causas que hoy podemos mencionar es el desencuentro con los hombres: mentalidad y lenguajes distintos del común, principalmente de la gente humilde. Quizá con cierta afinidad con las “clases cultas”. Al respecto se dijo, entre otras cosas: – Nos encontramos con gente que no nos entiende el mensaje evangélico, porque tenemos otro lenguaje y usamos elementos inadaptados al mundo de hoy, cuando no “arqueológicos”. Elementos ininteligibles como ciertos símbolos, y estructuras que responden a necesidades y condiciones pasadas. – La estructura parroquial, por ejemplo, concebida hace siglos, en muchos aspectos no responde a la vitalidad y concepción de la vida actual. La estructura administrativa y feudal choca al hombre actual. – La parroquia posee una estructura ajena a la realidad presente. Los límites geográficos de la parroquia no coinciden con los límites reales de la vida diaria de nuestros fieles: su trabajo, estudio, diversión, preocupaciones, no pueden ubicarse ya geográficamente en un lugar único y definido. – Dificulta la realización sacerdotal de los que salen del Seminario, la administración sacramental desprovista del contexto religioso, vital y comunitario. – El catecismo, generalmente abstracto y a al margen de la vida de los niños, desprovisto de los elementos vitales de la Iglesia, como son la Biblia y la Liturgia, hacen difícil al sacerdote anunciar la Buena Nueva del Cristianismo cuando no estéril sus esfuerzos. * Generalmente la vida de un sacerdote se considera ejemplar cuando sigue fielmente las mismas reglas de vida espiritual aprendidas en el Seminario; cuando en realidad debe estar preparado para adoptar una actitud personal y adulta en la Iglesia. La vida cristiana del sacerdote debe consistir fundamentalmente en el cumplimiento de la misión que le es confiada dentro del desarrollo del Plan de Dios. * Dos aspectos importantes que dificultan el primer encuentro del sacerdote con el mundo, “el individualismo” y la falta de “gestos comunes” con los hombres. – Por un lado nos cuesta la vida en común; la cual siempre ha sido importante, pero decisiva en nuestra época en que el sentido comunitario y de colaboración se ha desarrollado profundamente. – Por otra parte nos falta, muchas veces, la capacidad para una convivencia seria y auténtica con lo que hoy es humano y serio entre hombres a quienes nos corresponde amar y evangelizar. No valoramos la vida de los que están fuera de la Iglesia porque nosotros pensamos distintos y tenemos una “jerarquía intelectual” que está muy lejos de ser real y concreta. * Un hecho que va más allá de lo mencionado y que escapa a nuestro control es la crisis profunda que vive la civilización actual. El choque y la desorientación es normal porque somos una generación de transición. En estos bochazos hemos querido resumir y fundir el pensamiento de nuestros hermanos sacerdotes. Es necesario tener en cuenta el carácter de la pregunta que hemos formulado para no interpretar estas respuestas como negativas y pesimistas. Justamente la reflexión se hizo sobre lo que más nos ha costado al enfrentarnos con la vida apostólica. La solución de este hecho no es una fórmula, ni siquiera un libro, ni tampoco cuestión de algunas personas, sino el esfuerzo perseverante de quienes tenemos la misión de edificar la Iglesia, es decir, todos los cristianos. Esfuerzo sincero y auténtico para encontrar los elementos que nos llevarán a cristalizar una solución que incluya la adaptación de nuestra “formación”, de nuestro “lenguaje” y “del modo de vida sacerdotal”, a las necesidades de la época que nos corresponde vivir.

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